Lamentablemente es fácil enojarse. Alguien nos habla mal y listo, el corazón se acelera y la sangre bombea preparando nuestro cuerpo para un enfrentamiento, literalmente, la sangre va hacia nuestros brazos y manos, para poder pegarle al agresor.
Cada vez que alguien me habla mal y me afecta, además del enojo hacia esa persona, me enojo mucho conmigo misma, por haber dejado que otro me perturbe. ¿Por qué el desequilibrio de otro logra entrar en uno?
Cuando estoy más balanceada internamente, frente a una respuesta descuidada y agresiva, respiro profundo y trato de brindarle a esa persona algo positivo, afectarla pero para bien, con una sonrisa sincera.
Pero obviamente no siempre lo logro.
El tema es trabajar en hacer consciente, cada día más, que debemos ser capaces de mantenernos, no dejando que el otro nos arrastre hacia un lugar negativo, sino por el contrario, cada vez que nos encontramos con alguien así, vivirlo como una oportunidad para ayudarlo/a y mejorar nuestro entorno.
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