lunes, 28 de julio de 2014

Dejar ir, soltar

He escuchado mucho como se habla de soltar, o dejar ir. Suena sencillo, desapegarse, dejar ir lo que no sirve, obviamente tiene sentido. Pero, ¿cómo hacerlo? Podemos engañar a la mente y decir que hemos soltado, pero ¿cómo darnos cuenta si nuestra alma cerró, si realmente dejó ir?

Para empezar, hay que lograr identificar los apegos; ¿qué tengo que soltar? ¿cuáles son mis apegos? ¿qué sistema de creencias me está limitando? Podría parecer sencillo, pero generalmente no lo es. A veces el apego resulta obvio, por ser demasiado grande o directo, una muerte, una pareja, un trabajo, una relación, un viejo deseo. Pero a veces, no vemos que éstos son apegos, y a veces el apego es más fino, como la creencia de lo que debemos ser, lo que pensamos que los otros esperan de uno (que termina siendo lo que nosotros esperamos de nosotros), un sistema de creencias de nuestra familia o sociedad.

Para verlos, tenemos que mirar hacia adentro, qué es lo que verdaderamente nos importa a nosotros, qué cosas colaboran con nuestro desarrollo y nuestro camino, y qué es adquirido o tomado de nuestro entorno. 

Una vez que logramos identificarlos, tenemos que ver el cómo soltar. Mentalmente decimos que cerramos, nos convencemos de que aceptamos lo que no podemos cambiar, o de que esa persona no pertence ya a nuestras vidas, o que somos quienes somos. Yo creo que en soltar está primero la capacidad de decirnos que lo estamos haciendo, pero luego, y fundamental, en direccionar nustros pensamientos y visualizaciones hacia situaciones en donde somos felices sin eso que dejamos ir. Pensarnos e imaginarnos de una nueva manera, no de la que pensábamos antes, sino una nueva creación, una nueva forma, hasta que esa nueva forma se materialice.

Invito a que comparta aquel que desee, una experiencia relacionada a soltar, cómo lo lograron, si es que si, o por qué no. También son bienvenidas frases e imágenes sobre soltar.



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